¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa del Señor»! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor –según es norma en Israel– para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. Auguren la paz a Jerusalén: «¡Vivan seguros los que te aman! ¡Haya paz en tus muros y seguridad en tus palacios!». Por amor a mis hermanos y amigos, diré: «La paz esté contigo». Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad. (Salmo 122)

martes, 28 de febrero de 2012

ORACIÓN A LA VIRGEN DOLOROSA


Déjame pasar la vida a tu lado, Madre mía.
acompañando tu soledad amarga y tu dolor profundo.
Déjame sentir en el alma el triste llanto de tus ojos
y el desamparo de tu corazón.

No quiero en el camino de mi vida
saborear las alegrías de Belén
adorando en tus brazos virginales al niño Dios.
No quiero gozar en la casita de Nazareth
de la amable presencia de Jesucristo
no quiero acompañarte en tu asunción gloriosa
entre coros de Angeles.

Quiero en mi vida, las mofas y burlas del calvario;
quiero la agonía lenta de tu Hijo;
el desprecio, la ignominia, la infamia de la cruz,
quiero estar a tu lado virgen Dolorosísima;
fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas,
consumando mi sacrificio con tu martirio,
sosteniendo mi corazón con tu soledad,
amando a mi Dios y tu Dios,
con la inmolación de mi ser.
Amén.