¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa del Señor»! Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor –según es norma en Israel– para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David. Auguren la paz a Jerusalén: «¡Vivan seguros los que te aman! ¡Haya paz en tus muros y seguridad en tus palacios!». Por amor a mis hermanos y amigos, diré: «La paz esté contigo». Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad. (Salmo 122)

miércoles, 7 de agosto de 2019

ORACIÓN PARA PEDIR TRABAJO:


Dios Santo, Padre y Abogado Nuestro, míranos aquí con los brazos cruzados por falta de trabajo. Socórrenos en esta hora de aflicción por intercesión de San Cayetano Thiene, de San José Obrero, de Santa María Madre de Dios, y de todos tus Santos.
El trabajo humano es una participación en la Obra de Dios, y quien trabaja dignamente sirve a sus hermanos y contribuye de modo personal a que se cumplan los designios de Dios Santísimo en la historia. Hoy por algunas leyes injustas, por la avaricia de unos pocos, por la miopía egoísta que no nos deja ver en los demás a hermanos nuestros, por un capitalismo ignorante y miedoso que vive en los vicios ludo-maníacos de quienes caen en la especulación financiera por temor a invertir en actividades productivas, y por una estructura social amante de vivir en monopolios elitistas excluyentes, muchos no tienen lugar en el mundo del trabajo y se sienten desplazados: ¡Ayúdanos a no desesperar, Oh Dios Santo, y disuelve toda maldad! Ilumina a los dueños del capital, a cada inversor, y permanece en ellos, para que entiendan tu Plan Divino y tu Obrar, y creen nuevas fuentes de trabajo, orienta a los gobernantes para que favorezcan el pleno empleo y la protección estatal con sabiduría ante los múltiples riesgos que encuentren los inversores, además de proteger lógicamente a los más vulnerables de la sociedad, aquellos que menos tienen. Procura que quienes trabajan sean honestos y protege su honestidad y su buena conducta con la Sangre Preciosa de tu Hijo el Cristo. Abre nuestros ojos para que descubramos que es más importante ser que tener y que hay más alegría en dar que recibir. Y cuando nuestros ojos se cierren para siempre, concédenos poder presentarnos ante Ti, oh Dios Santo, con el corazón lleno de los rostros de las personas a quienes hemos socorrido y los de los que nos ayudaron en nuestra aflicción. Amén.


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